La televisión y la escuela
La escuela ya no es la única fuente del saber socialmente relevante.
Tampoco es el ámbito privilegiado de transmisión de la educación. Sin
embargo, estas premisas parecieran no tener suficiente relevancia en el
ámbito educativo.
Frente a los mensajes televisivos, a algunos docentes aún les resulta difícil comprender qué buscan, qué entienden y qué incorporan los niños y adolescentes. De esta manera, muchas veces la escuela y la TV, ambos agentes de información, de formación (y también de deformación) de la conciencia colectiva, funcionan como “universos paralelos”. ¿Qué hacer, entonces, para no caer en una situación similar a la de la docente caricaturizada por Nik?
En primer lugar, habría que preguntarse en qué sentido las prácticas propias de los medios han repercutido en los procesos de educación formal. En el manual de lectura inteligente de los medios No seamos ingenuos, Patricia Nigro, docente e investigadora de la Universidad Austral sobre televisión, escuela y familia, explicó que “de ver la realidad de modo lineal como en la escritura, se pasó a un modo integral como en la imagen. También se transformaron las funciones del maestro: de transmisor de información a creador de un clima socioafectivo, para enseñar al alumno a establecer relaciones, a generar hipótesis, a interpretar y a transformar los contenidos que incorpora”.
En segundo lugar, cabría interrogarse por qué los medios audiovisuales son tan atractivos frente a la escuela y qué pueden aportar al proceso de enseñanza- aprendizaje. Manuel Cebrián de la Serna, profesor de Tecnología Educativa en la Universidad de Málaga, postuló en sus escritos que “los medios de comunicación pueden transportar la realidad social y científica al aula y, en ocasiones, resultan ser más eficaces que el propio enseñante, porque ayudan a contextualizar el conocimiento académico”.
Sin embargo, a los docentes aún les falta incorporar la TV como herramienta didáctica en el aula. “El gran desafío de la escuela actual es tomar al libro como punto de partida, y no como meta de llegada. Necesitamos recurrir a otros lenguajes; la lectura debería ser un concepto ampliado, que incluyera la imagen, el lenguaje audiovisual y el hipertextual o digital”, sugirió Morduchowicz en su artículo “Los medios de comunicación y la educación: un binomio posible”.
¿Pero cómo integrar las competencias de los “nativos” con las de los “migrantes digitales“? La directora del programa Escuela y Medios enfatizó que el manejo más fluido y profundo del medio no convierte al chico en crítico. “El docente tiene el extraordinario papel de enseñar a analizar los mensajes mediáticos, pues cuenta con un conjunto de capacidades que el alumnado aún no posee: aprender a analizar, a evaluar y a interpretar”, señaló Morduchowicz en sus escritos.
Frente a los mensajes televisivos, a algunos docentes aún les resulta difícil comprender qué buscan, qué entienden y qué incorporan los niños y adolescentes. De esta manera, muchas veces la escuela y la TV, ambos agentes de información, de formación (y también de deformación) de la conciencia colectiva, funcionan como “universos paralelos”. ¿Qué hacer, entonces, para no caer en una situación similar a la de la docente caricaturizada por Nik?
En primer lugar, habría que preguntarse en qué sentido las prácticas propias de los medios han repercutido en los procesos de educación formal. En el manual de lectura inteligente de los medios No seamos ingenuos, Patricia Nigro, docente e investigadora de la Universidad Austral sobre televisión, escuela y familia, explicó que “de ver la realidad de modo lineal como en la escritura, se pasó a un modo integral como en la imagen. También se transformaron las funciones del maestro: de transmisor de información a creador de un clima socioafectivo, para enseñar al alumno a establecer relaciones, a generar hipótesis, a interpretar y a transformar los contenidos que incorpora”.
En segundo lugar, cabría interrogarse por qué los medios audiovisuales son tan atractivos frente a la escuela y qué pueden aportar al proceso de enseñanza- aprendizaje. Manuel Cebrián de la Serna, profesor de Tecnología Educativa en la Universidad de Málaga, postuló en sus escritos que “los medios de comunicación pueden transportar la realidad social y científica al aula y, en ocasiones, resultan ser más eficaces que el propio enseñante, porque ayudan a contextualizar el conocimiento académico”.
Sin embargo, a los docentes aún les falta incorporar la TV como herramienta didáctica en el aula. “El gran desafío de la escuela actual es tomar al libro como punto de partida, y no como meta de llegada. Necesitamos recurrir a otros lenguajes; la lectura debería ser un concepto ampliado, que incluyera la imagen, el lenguaje audiovisual y el hipertextual o digital”, sugirió Morduchowicz en su artículo “Los medios de comunicación y la educación: un binomio posible”.
¿Pero cómo integrar las competencias de los “nativos” con las de los “migrantes digitales“? La directora del programa Escuela y Medios enfatizó que el manejo más fluido y profundo del medio no convierte al chico en crítico. “El docente tiene el extraordinario papel de enseñar a analizar los mensajes mediáticos, pues cuenta con un conjunto de capacidades que el alumnado aún no posee: aprender a analizar, a evaluar y a interpretar”, señaló Morduchowicz en sus escritos.
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